El 16 de enero de 1869, el entonces presidente de México, Benito Juárez, emitió un decreto histórico que marcó la creación del estado de Hidalgo como una nueva entidad federativa de la República Mexicana. Este decreto, basado en la fracción III del artículo 73 de la Constitución, otorgó a Hidalgo autonomía política y administrativa, separándolo del estado de México, al que pertenecían sus territorios anteriormente.
El contexto del decreto
El documento oficial señala que el estado de Hidalgo quedó integrado por los distritos de Actopan, Apan, Huejutla, Huichapan, Ixmiquilpan, Pachuca, Tula, Tulancingo y Zacualtipán. Todos estos municipios formaban parte del segundo distrito militar. El decreto también estipuló disposiciones transitorias que garantizaban la continuidad gubernamental y la transición ordenada hacia un estado independiente.
Entre estas disposiciones, se estableció que el Ejecutivo designaría provisionalmente al gobernador y convocaría a elecciones en el plazo establecido por la Constitución. Asimismo, se determinó que Hidalgo contaría con su propio Tribunal Superior de Justicia y cesaría la jurisdicción legislativa del estado de México sobre los territorios recién conformados.
Un legado duradero
Este acto representó un avance significativo en la consolidación del federalismo mexicano, al permitir la organización política y administrativa de un territorio con características y necesidades propias. Hidalgo, nombrado en honor al “Padre de la Patria”, Miguel Hidalgo y Costilla, se convirtió en un símbolo del progreso y autonomía de las regiones del centro del país.
El decreto, fechado en Palacio Nacional y firmado por Benito Juárez y su secretario de Gobernación, José María Iglesias, es un documento que sigue recordándose como el inicio de la identidad estatal de Hidalgo, cuya historia, tradiciones y recursos lo han convertido en una pieza clave de la República Mexicana.
Este aniversario refuerza la importancia de preservar la memoria histórica de los acontecimientos que forjaron la nación.
