En la edición número XLIV de la muestra gastronómica de Santiago de Anaya, el Valle del Mezquital se convierte en un festín de sabores tradicionales que incluyen ingredientes propios de la región, como insectos, flora y fauna local. Esta convocatoria no solo celebra las raíces culinarias de la zona, sino también la conexión ancestral entre los habitantes y los recursos naturales que les han dado sustento por generaciones.
Los participantes deben presentar platillos que utilicen estrictamente ingredientes tradicionales del Valle del Mezquital, como parte de una muestra que pone en valor la biodiversidad local. Además, deben acreditar el proceso legal de aprovechamiento de los recursos naturales, lo que garantiza un consumo responsable y sostenible.
En este concurso, se valoran las recetas de toda la vida. Los concursantes pueden ingresar un platillo que haya sido transmitido de generación en generación, como una costumbre que sigue viva en sus hogares. Las reglas son claras: se debe presentar una ración mínima para 20 personas, y si en la semifinal no se cumplen con la cantidad suficiente, el platillo será descalificado.
Los participantes también deben entregar la receta escrita, además de portar vestimenta tradicional de la región y utilizar utensilios característicos de la misma, lo que aporta color y autenticidad a la competencia.
La premiación no se queda atrás: el primer lugar de platillos tradicionales recibirá 10,000 pesos, el segundo lugar 7,000 y el tercero 3,000. Para los puestos del cuarto al vigésimo quinto lugar, habrá licuadoras como reconocimiento. En la categoría de postres, pulque y atole, la premiación será de 8,000 pesos para el primer lugar, 5,000 para el segundo y 2,000 para el tercero.
El jurado, compuesto por habitantes del Valle del Mezquital y expertos del medio académico y gastronómico, calificará la originalidad de la receta, los ingredientes, el sazón, la explicación del proceso de elaboración, la vestimenta y los utensilios. Así, la muestra gastronómica de Santiago de Anaya se perfila no solo como un evento para saborear, sino como una celebración del patrimonio cultural y culinario que define a este pintoresco valle hidalguense.
