Por Bryan R.
Hace algunos años, las compras se basaban en la propiedad tangible de las cosas: comprar un disco, rentar una película, descargar canciones en tu dispositivo. Hoy, sin darnos cuenta, somos unos muy buenos inquilinos de la era digital. Estamos atrapados en la «fatiga de las suscripciones», un modelo económico que parece cómodo pero que está creando una fuga de riqueza silenciosa y constante en el presupuesto de la población mexicana.
Este gasto hormiga es un drenaje de recursos que muchas veces pasa desapercibido hasta que revisamos el estado de cuenta. Según el Estudio sobre los Hábitos de los Usuarios de Internet en México de la Asociación de Internet MX, los servicios de streaming y plataformas digitales han crecido exponencialmente.
Se estima que una persona promedio puede gastar entre 600 y 1,500 pesos mensuales solo en plataformas de entretenimiento, almacenamiento en la nube, entregas a domicilio y música.
Lo que parece una pequeña cuota mensual representa una parte significativa del ingreso disponible. Para una familia que percibe el ingreso promedio reportado por la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), estas suscripciones pueden representar entre el 5% o 7% de su gasto mensual, dejándolos, en muchos casos, sin ahorros para emergencias o educación.
El verdadero problema es que no somos dueños de nada. En el momento en que dejamos de pagar, perdemos el acceso a nuestras fotos, nuestra música y nuestro entretenimiento.
Este modelo de renta perpetua nos quita capacidad de ahorro y nos mantiene en una rueda de hámster financiera donde el dinero se va antes de que podamos invertirlo en algo tangible.
La solución es sencilla pero urgente: es momento de hacer una pausa y cancelar el miedo a perdernos de algo (el famoso FOMO) y depuremos las suscripciones que no usamos. Ese monto mensual, por pequeño que parezca, debe regresar a donde pertenece: a la construcción de un patrimonio real.
-CAPG-
