Inicio Información General Un cielo de colores y raíces: Zapotlán celebra la vida con su...

Un cielo de colores y raíces: Zapotlán celebra la vida con su festival de papalotes

Pachuca.- No fue un fin de semana cualquiera. En Zapotlán de Juárez, el cielo se convirtió en lienzo y los papalotes en pequeñas historias flotando al viento. Así se vivió la tercera edición de Fiesta en el Cielo, un encuentro que durante tres días —del 3 al 5 de abril— reunió a más de 2 mil personas en un ambiente donde la tradición y la alegría caminaron de la mano.

Desde temprana hora, niñas, niños, familias enteras y visitantes comenzaron a poblar el espacio, mirando hacia arriba, siguiendo con la vista figuras multicolores que daban vida al horizonte. Más que un festival, fue una experiencia compartida: risas, fotografías, antojos y reencuentros.

Personas provenientes de distintos municipios como Tizayuca, Tolcayuca y Pachuca, así como de la Ciudad de México y Tecámac, llegaron atraídas por un evento que poco a poco se posiciona como referente regional, no solo por su propuesta recreativa, sino por su esencia familiar.

En el arranque del festival, la presidenta municipal, Cinthya Arellano Martínez, subrayó la importancia de impulsar espacios que conecten a la comunidad, al tiempo que abren oportunidades para el talento local. Y es que, detrás de cada puesto, cada platillo y cada pieza artesanal, hay historias de esfuerzo que encontraron en este festival una vitrina.

El cambio de sede marcó la diferencia. Más amplitud, más asistentes y un crecimiento notable: la afluencia aumentó en un 30 por ciento respecto al año anterior, reflejo de un evento que evoluciona y gana fuerza.

Uno de los momentos más entrañables se vivió al recorrer los antiguos conos espacios que en otro tiempo resguardaban granos, hoy transformados en galerías que albergaron una exposición fotográfica. Ahí, el pasado agrícola de Zapotlán dialogó con el presente, recordando a las y los visitantes el origen de una tierra fértil en historia.

Mientras tanto, los pabellones gastronómico y artesanal ofrecieron sabores, texturas y colores que complementaron la experiencia. Cada compra fue también un impulso directo a la economía local.

El balance no solo fue emocional, sino también económico: alrededor de 100 mil pesos en derrama que beneficiaron a 25 artesanos y 16 comerciantes del municipio.

Al final, cuando el viento comenzaba a calmarse y el cielo recuperaba su quietud, quedaba algo más que papalotes: la certeza de que Zapotlán ha encontrado en este festival una forma de celebrar su identidad, de mirar al futuro sin soltar sus raíces.