POR BRYAN R.
En economía como en la arquitectura: toma años edificar un rascacielos, pero bastan unos cuantos segundos y algo de ayuda para reducirlo a escombros. Cuando hablamos de la economía de un país, el colapso suele ser un evento rápido, pero la recuperación es una agonía lenta y silenciosa.
La historia está plagada de ejemplos. La crisis de 1994 pulverizó el patrimonio de millones de familias mexicanas en cuestión de semanas; recuperar esos niveles de bienestar tomó más de una década. La crisis financiera global de 2008 o el freno COVID en 2020 nos enseñaron que las caídas del Producto Interno Bruto se miden en caídas libres, pero los repuntes se arrastran como si llevaran plomo en los pies.
Tirar una economía es relativamente «fácil». Basta una combinación de malas decisiones políticas, tensiones internacionales, pérdida de confianza o un evento externo para ahuyentar la inversión. Sin embargo, levantarla es un esfuerzo casi imposible. ¿Por qué? Porque la economía no es una máquina que se apaga y se prende con un botón; está hecha de confianza, de empleos formales y de cadenas que, una vez rotas, requieren años para volver a confiar.
Lo verdaderamente trágico es que detrás de todo esto, hay cientos de miles de familias. Cuando la economía tarda en sanar, el costo lo pagan las necesidades más básicas del día a día.
Significa que el presupuesto para educación se recorta y miles de jóvenes abandonan las aulas para buscar trabajos precarios y ayudar en casa. Significa que los sistemas de salud pública colapsan ante la falta de insumos, y que las medicinas se vuelven un lujo inalcanzable para quien vive al día. La canasta básica se convierte en un artículo de lujo, y la pobreza, que se había logrado arrinconar, vuelve a reclamar su espacio.
Exigir responsabilidad en el manejo económico no es un tema de simpatías partidistas, es una cuestión de supervivencia social. Debemos entender que jugar con la estabilidad financiera de un país es jugar con la salud, la educación y el futuro de millones. Porque cuando el edificio económico se derrumba, los escombros siempre caen sobre los de abajo.
-CAPG-
