Inicio Información General La corrupción nace en la puerta de tu casa.

La corrupción nace en la puerta de tu casa.



«¡Todo es culpa del gobierno!»: Sin duda, una frase que escuchamos a diario. Acusar a nuestros gobernantes de todos los males parece ser el deporte nacional por excelencia.


Señalamos con dedo flamígero a políticos y funcionarios, acusándolos de falta de ética, de corrupción y de traición a los valores cívicos. A menudo, esa indignación es legítima y necesaria; exigimos, con toda la razón, un Estado de Derecho impecable y líderes que sean ejemplo de moralidad.
Pero la hipocresía es una sombra que vive con nosotros. La misma persona que grita contra el desvío de recursos es quien ofrece una «mordida» para evitar la multa de tránsito porque «lleva prisa». El mismo ciudadano que exige transparencia es el que busca al «coyote» para saltarse la fila del trámite, o el que se pasa el alto porque «no viene nadie».


Condenamos la corrupción que vemos en las noticias o en TikTok, pero normalizamos la de nuestros vecinos, la de nuestros padres y la propia. Hemos creado una cultura de la «solución fácil», donde cumplir la ley es visto como una desventaja competitiva.


Al que respeta la fila se le llama «tonto» o se le acusa de «entorpecer el tráfico» por no meterse a la mala o estacionarse en doble fila. Al que paga lo justo se le dice que «no sabe hacer negocios», mientras que al que regatea y abusa se le ve como un «ganón». Esta cadena de pequeñas acciones genera un efecto devastador: cuando la trampa se vuelve cotidiana, la honestidad se convierte en una anomalía.
Al normalizar estas micro-corrupciones, lo único que nos sorprende son los grandes escándalos, sin darnos cuenta de que, en realidad, el civismo ha muerto en el día a día.


No podemos esperar gobernantes ejemplares con ciudadanos que buscan atajos constantes. Los gobiernos son un reflejo —a veces doloroso— de la sociedad de la que emanan. Las malas acciones se alimentan de nuestra propia permisividad social.


La solución no vendrá de un decreto o una ley mágica, vendrá de la Integridad. Necesitamos poner de moda la honestidad. Hoy, que vivimos ante tendencias que desafían lo tradicional, tenemos la gran oportunidad de reeducarnos y entender que las buenas acciones, la voluntad de ayudar y el respeto a las normas no deberían ser algo «extraordinario», sino el estándar.
-CAPG-
La próxima vez que estemos tentados a tomar el atajo, a dar la mordida o a pasarnos el alto, recordemos que ese pequeño acto es el ladrillo con el que se construye el muro de la corrupción que tanto odiamos. Ser un buen ciudadano cuando nadie te ve: esa es la verdadera revolución que México está esperando.

-CAPG-

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