Pachuca de Soto, Hidalgo a 27 de noviembre del 2023. La Antimonumenta “Vivas y libres” fue colocada el viernes 24 de noviembre en la ciudad de Pachuca de Soto, Hidalgo en la explanada de Plaza Juárez frente al palacio de gobierno del Estado. Esta iniciativa surgió como una forma de visibilizar la violencia de género en el estado y fue, a través del apoyo solidario de víctimas directas de la violencia de género, víctimas indirectas por feminicidio, activistas, personas y organizaciones defensoras de derechos humanos que se financió su construcción.
Este símbolo, se colocó en el marco del #25N, Día Internacional para la Erradicación de la Violencia contra las Niñas, Adolescentes y Mujeres; el sábado 25 de noviembre hubo un intento de retirarla. Después de casi un mes de gestiones el sábado 25 nos fue notificada la autorización para que fuera colocada en el Parque Hidalgo de esta Ciudad. Un lugar menos visible y sin establecer algún espacio de diálogo, el domingo 26 de noviembre, cuando nadie resguardaba la Antimonumenta, personas trabajadoras del gobierno local, la arrancaron de la Plaza Juárez y la trasladaron al Parque Hidalgo, la colocaron en el nicho donde se encontraba la Paloma de la Paz, monumento al que le fueron robando las piezas poco a poco; el oficio enviado justificaba la asignación del lugar en razón de la «armonía de la imagen urbana”.
Quizá sea relevante profundizar en la definición de una Antimonumenta y su significado en relación con su reubicación. A diferencia de un «monumento», cuyo propósito es conmemorar eventos o figuras positivas, una Antimonumenta tiene un enfoque crítico. Su propósito radica en cuestionar el status quo, generar conciencia sobre problemáticas y desafiar narrativas existentes, especialmente en temas dolorosos como la lucha contra la violencia de género. Las Antimonumentas se colocan deliberadamente en lugares que desafían la norma o resaltan la problemática que representan para provocar reacciones y debates, cuestionamientos, simboliza resistencia y protesta, y su objetivo va más allá de conmemorar el pasado; busca confrontar el presente y exigir justicia.
La reubicación de la Antimonumenta a un lugar menos visible la interpretamos como un intento de silenciar demandas, borrar la memoria de las víctimas y controlar el discurso sobre problemáticas sociales como la violencia de género y el feminicidio. Este acto plantea serias preocupaciones en términos de derechos humanos y justicia social, ya que socava el propósito fundamental de la Antimonumenta como símbolo de resistencia y memoria a las víctimas de feminicidio.
El traslado de la Antimonumenta al Parque Hidalgo nos hace reflexionar sobre cómo esta acción simboliza la marginalización continua y el silenciamiento de las experiencias y luchas de las mujeres, relegándolas a un segundo plano en el discurso público. Exhortamos a las autoridades a reconsiderar esta decisión y regresar la Antimonumenta a la ubicación originalmente establecida, así como a garantizar todas las medidas para su protección y cuidado.
También les instamos a generar mesas de diálogo, no sólo para conocer las distintas perspectivas sobre la violencia de género en el estado y el significado de este símbolo, sino también para hallar los vacíos legales para la colocación de esta y otras Antimonumentas.
A las colectivas, organizaciones, personas defensoras de los derechos humanos y activistas, les decimos que la Antimonumenta está allí, para ser intervenida, para acompañar sus luchas, pero también para ser cuidada, es de todas.
